Esta casa es una pradera 3.0

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El tercer concepto de nuestra serie: FLORECIMIENTO ESTACIONAL; la antigua arquitectura se hacía con materiales inorgánicos. La nueva arquitectura siente predilección por muchos materiales vivos: madera, bambú, mimbre, paja.

‘El diseño biofílico se basa en la teoría conocida cómo ‘biofilia’ que afirma que la salud humana y el bienestar tienen una base biológica que necesita de la afiliación con la naturaleza. Cuando esta teoría psicológica se aplica a la arquitectura, podemos deducir que el Movimiento Moderno en el siglo XX contradijo las necesidades psicológicas y físicas inherentes al ser humano imponiendo una extrema artificialidad al entorno construido. Por ello, el diseño biofílico contemporáneo persigue reconectar el entorno construido con la naturaleza incluyendo, aunque no exclusivamente, el uso de luz natural, aire fresco, plantas, espacios verdes y materiales orgánicos’ Amy Leedham en http://archinect.com/sustainabilityMonster/biophilic-design

Las antiguas cabañas, que para muchos son las primeras arquitecturas, estaban hechas de ramas. Antes de colocarlas en su posición definitiva, solían cercenarse sus brotes para evitar que en primavera alguna hoja, rama o flor creciera de nuevo. ¿No nos parecería ahora un lujo enorme, un signo potente de identidad, singularidad y calidad que la arquitectura floreciera en primavera, se agostara en verano o amarilleara en otoño?.

En el pasado, la arquitectura tenía la aspiración de ser para siempre, nacía con una cierta ficción de eternidad. Las circunstancias técnicas y económicas contemporáneas y las crisis medioambientales sitúan a la arquitectura actual, desde el proyecto, en un territorio que no puede entenderse con independencia del calendario. Para casi cualquier arquitectura se puede pronosticar una existencia con necesidades de cambio y adaptación a veces previsibles, a veces inciertos. Conceptualmente el cambio es enorme.

Existen referentes previos que asumían este cambio: todo un mundo de arquitecturas no oficiales, mestizas, vernáculas y provisionales, que no han gozado del sueño de la eternidad. Todas aquellas hechas para fiestas, las teatrales, las provisionales o las precarias. Todas las que usaron la madera, las ramas, la paja, lo que había en el campo. La trayectoria profesional de algunos arquitectos como Toyo Ito, que convierte la ceremonia del té en un referente arquitectónico constante o Kazuyo Sejima, que hace que las trazas de la vida diaria cobre el protagonismo de una instalación de arte, nos hace pensar que en arquitectura es más importante lo que cambia que lo que permanece, más relevante lo vivo que lo inorgánico. ¿Nos sentimos más a gusto en estas arquitecturas no tan estables?